2.21.2013

LA MEMORIA NOS LLAMA

La gráfica del instante de creación de los 70

Traslación de la Compañía Titiritezca tomando esas ideas y transportadas a la propuesta de hoy






Una de las principales armas que utilizó el golpe de Estado de 1976 para derribar toda idea contraria al régimen fue un mecanismo de censura en la cultura que se reflejó en persecuciones y torturas a autores, prohibiciones de circulación de libros, canciones y otras expresiones, editoriales cerradas y bibliotecas vaciadas.  Desde los mandos militares se pensaba que una de las principales formas de aniquilar al enemigo "subversivo" era instalar un  plan de control allí donde se forjarán las ideas.  Por eso la cultura y la educación fueron el blanco adoptado por la denominada "Operación claridad".
Esa ambición de acallar a toda un sociedad también se dejó ver en la literatura infantil juvenil, donde se puso un especial énfasis no solamente en la circulación de las obras sino en sus autores y editoriales.
¿Qué les podía molestar a los militares de un cuento para chicos? es una pregunta recurrente, y tiene varias respuestas.  En primer lugar, hay que mencionar que cada texto, sea de ficción o de historia, poesía o manual, forma parte de la producción cultural de una época.  En ese sentido, los años 70 marcaron un período de lucha y resistencia que se dejaba ver en las creaciones de carácter cultural y que se oponían al discurso del poder de la dictadura.  En segundo lugar, también por aquellos años se vislumbraban los cambios que darían un vuelco en la literatura infantil, depositados en el lenguaje, en la transformación de las atmósferas en las cuales transcurre las historias, en una nueva relación con el lector y en el humor y la parodia como forma de criticidad.  La fantasía, los finales abiertos, las preguntas, el color, las líneas de los dibujos que se salían de una figura "real", eran capaces de abrir nuevos interrogantes en los chicos, y esto no convenció a los dictadores de turno.  Justamente lo que menos vieron en las nuevas obras fue literatura.  A través de cada historia se suponía un arma sospechosa, difusora de ideas peligrosas, que atentaban contra los valores de "la moral, la familia y la patria" que se pretendían imponer.
Uno de los antecedentes del cambio en la literatura infantil fue la obra de María Elena Walsh, quien desde los años 60 implementó una narrativa en la cual primó la invención, la poesía, el humor y lo lúdico, privilegiando el placer y el disfrute de sus destinatarios.  Aunque no puede dejar de mencionarse la importancia que otorgó al campo el escritor y titiritero Javier Villafañe.  La forma de narrar comenzó a ser otra, a través de la cual las historias salían de los convencionalismos ligados a una literatura "escolar". en donde el lector es ligado más que nada a un niño alumno.
La fantasía, la musicalidad, los juegos de palabras establecieron diferencias que alcanzarían un gran florecimiento en 1980.
De la mano de Laura Devetach, Gustavo Roldán, Elsa Bornemann, Ema Wolf, Graciela Montes, Graciela Cabal, entre otros, las nuevas puertas del género estuvieron caracterizadas por una renovación en el lenguaje que fue desde palabras inventadas, el uso de onomatopeyas o el cambio de significados hasta un particular relación del autor con el lector, que dejó de colocar a este último en el lugar de la figura débil, que le cuesta entender "algunas cosas" y al que una generación de literatura infantil más tradicional subestimó.
Reivindicando siempre el lugar de la fantasía, los autores comenzaron a crear los cuentos en lugares que podían ser cercanos a los chicos, no como sucedía en los cuentos de hadas, como el monte chaqueño, en el caso de Roldán, las provincias de Devetach o los barrios de Montes.  De esta manera se dió al género una relación especial entre ficción y lugares habituales, entre la historia contada y figuras coloquiales.
Elsa Bornemann eligió a los animales para reírse de los hombres y para dejar a plena luz sus defectos."Un elefante ocupa mucho espacio" cuenta la historia de un elefante que, cansado de estar encerrado y asediado por el domador convence a sus compañeros para realizar una huelga.  Aquí también es donde se reúnen fantasía, contenido y lenguaje.  La edición que fue censurada cuenta con ilustraciones de Ayax Barnes.  Fantásticos dibujos que se identifican claramente con color, exageraciones, y por supuesto fantasía, como es del elefante y el león que observan al domador encerrado, y no sólo eso: el cartel que dice TOMADO POR LOS TRABAJADORES.  HUELGA GENERAL DE ANIMALES, aparece bien resaltado apenas se hojea el libro.
Tanto el libro Un elefante ocupa mucho espacio como El pueblo que no quería ser gris, y otros tantos títulos, además de varias enciclopedias fueron ilustradas por Ayax Barnes.
Este texto fué extraído de la Comisión provincial de la Memoria, donde se pueden encontrar actividades prácticas para realizar con los chicos.

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